Su ausencia no evita recordarlos, porque el suicidio no sólo fue quitarse la vida. . .

Por Psicóloga Miriam Camacho

La conducta suicida es un tema bastante amplio. Debido a ello, ha sido abordado por la Neurología, la Psiquiatría, y la Psicología. Ya que es una problemática multifactorial y de salud pública. No sólo significa  que la persona que lo comete se quería quitar la vida, sino que deseaba acabar con un sufrimiento, o ansiaba vengarse de alguna figura emocional (Jiménez y González, 2003).

La conducta suicida es un tema bastante amplio. Debido a ello, ha sido abordado por la Neurología, la Psiquiatría, y la Psicología. Ya que es una problemática multifactorial y de salud pública. No sólo significa  que la persona que lo comete se quería quitar la vida, sino que deseaba acabar con un sufrimiento, o ansiaba vengarse de alguna figura emocional (Jiménez y González, 2003).

Qué  imaginamos, cuando alguien nos platica que una persona  se quitó la vida. Lo más común es que pensamos: cómo lo llevó a cabo, cuáles fueron las últimas actividades que realizó, en qué estaba pensando momentos antes de dar su último respiro, quién o quiénes fueron las personas con las que habló, qué dijo, y cómo se habrá sentido segundos antes de llevar a cabo esta conducta.

Y peor aún, cuando participamos de un sepelio donde el occiso se suicidó. Vemos a los parientes y/o amigo, en un mar de lágrimas, gritando con mucho dolor las preguntas: “Fulano(a)”  por qué lo hiciste? . . . Si tenías toda una vida por delante. . .Si todos los problemas tenían solución; . . . por qué nunca nos dijiste lo que te estaba pasando? . . . por qué nunca le dijiste a alguien, cómo te estabas sintiendo?

Según Saltijeral y Terroba (1990), al analizar,  a través de lo que describieron sus familiares y amigos, de 110  de personas que se suicidaron, el 52% eran hombres, y el 48% mujeres; el 52% estaban en un rango de edad de 14 a 29  años; el 61% había manifestado pérdida de intereses en sus actividades cotidianas; que durante su última semana, el 51% mostró cambios muy notorios en sus conductas comunes; el 78% realizó este acto estando solos; el 61% nunca habían realizado intentos de suicidio; y el 39% ya lo habían intentado, al menos una vez; el 41% utilizó el ahorcamiento, el 26% arma de fuego, y el 20% envenenamiento.  

Cuando nos preguntamos, “Por qué esas personas no hablaron con alguien? o Por qué precisamente eligieron tal día para quitarse la vida? Estamos dando por hecho que las personas a nuestro alrededor, exclusivamente, tienen o  “deben” revisar sus planes y emociones a través de un lenguaje verbal. Y si no hablan o expresan su aceptación y/o rechazo de lo que lo que pasa a su alrededor, creemos que “todo está bien” o que es sencillo identificar qué está sintiendo o pensando esa otra persona con quien(es)  regularmente compartimos tiempo de vida.

Los análisis de la investigación de Saltijeral y Terroba muestran que de los casos de suicidio analizados, el 29% eran hijos(as) primogénitos; el 35% tenía severos problemas familiares o de pareja; y el 43% se mantuvo alejado de las relaciones interpersonales en el último mes. Y de acuerdo al INEGI (2011), los meses del año de mayor incidencia en el país  en que se reportaron muertes por suicidio fueron en primer lugar, mayo, en segundo julio, y en tercer lugar agosto.

Se explican estos resultados, debido a que en nuestra sociedad, les adjudica mayores responsabilidades a los hijos mayores, que al resto; y  se les enseña a las personas a temer a estar físicamente solos, a no distinguir la soledad física y la soledad emocional; y a no saber qué hacer con el tiempo libre o de ocio.

Finalmente, propongo que si se quiere ayudar a evitar una idealización o intento suicida en nuestro círculo cercano de afectos, pongamos más atención a nuestros seres queridos respecto a sus cambios de carácter, humor y emociones repentinos; solicitud de abordar temas de plática en momentos no óptimos para la rutina diaria; expresión de las decisiones por querer ejercer diferentes roles y expectativas; y aislamiento social extremo. Porque precisamente en todo ello,  podrían estar algunas de las respuestas a las preguntas que nos hacemos cuando nos platican que alguien se quitó la vida. Y como última recomendación, es que si alguno de nosotros nos sentimos extraños, que no cubrimos las expectativas de otros que también nos importan, que no sabemos cómo continuar; o que tenemos sospechas de que alguno de nuestros seres queridos está comportándose “extraño”, busquen ayuda profesional. Ya que se podría estar a tiempo de detener la secuencia de un suicidio, porque éste se piensa, se planea, se intenta (se intenta, en algunos casos) y se consuma.

Porque ni con la ausencia de los seres queridos, se deja de pensar en ellos.

 

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