Libertad

Por: Verónica Ortega

La visión de una relación es a veces tan sesgada, se vuelve tan compleja y puede llegar a ser una carga muy pesada. Sin querer sumirnos en la fatalidad, no es tanto la cuestión de la pareja, es más una cuestión personal. Me gustaría pensar que llegamos a una relación con toda la libertad de ser, pero más bien llegamos con toda una serie de carencias, ideas, creencias y demás carga que nos impiden realmente ver con ojos claros quien es aquel que amamos o si en verdad lo amamos.

La visión de una relación es a veces tan sesgada, se vuelve tan compleja y puede llegar a ser una carga muy pesada. Sin querer sumirnos en la fatalidad, no es tanto la cuestión de la pareja, es más una cuestión personal. Me gustaría pensar que llegamos a una relación con toda la libertad de ser, pero más bien llegamos con toda una serie de carencias, ideas, creencias y demás carga que nos impiden realmente ver con ojos claros quien es aquel que amamos o si en verdad lo amamos.

Haciendo un recorrido por los amores de mi existencia, tras cuestionarme por qué muchos de ellos reaparecen en ella, llegue a una conclusión: no cierro capítulos, dejó puertas abiertas, dejo posibilidades, no para ellos o por ellos, lo hago más bien por un terrible miedo a la soledad.

Hoy encontré un amor diferente, alguien de quien jamás hubiese creído poderme enamorar; es un hombre que me ha enseñado mucho, es mi reflejo puro. En este amor finalmente pude volver amar, hacía tanto que no amaba así. Si saben ¿no? Cuando no lo puedes sacar de tu mente, de solo pensar en él sientes mariposas en el estómago, de solo pensar en sus besos y caricias… uff, ¿conocen el versículo cierto?

Pues como les decía, este hombre me sacó de las cenizas, me hizo sentir ¡viva! Y mientras yo volvía a respirar, me empezaron a llegar ideas, imágenes y llamadas. Me percate de todas estas puertas que deje abiertas, de todos estos capítulos inconclusos y entonces comprendí las palabras que me dijo una noche… tengo miedo.

Yo también tendría miedo, porque se siente cuando el que te promete estar a tu lado, no puede, por la razón que sea, comprometerse. ¡Que fuerte! Llevo años pensando ¿por qué no puedo encontrar a alguien capaz de comprometerse?, pues porque la primera que no es capaz de comprometerse, por miedo, soy yo.

Entonces abrí la libreta negra, si esa que todos guardamos sigilosamente en el buró, y no es que me haya puesto a llamar a todos, es que me puse a escribir cartas, abrí mi corazón y cada vez que dudaba me respondía está pregunta ¿qué quiero?, la respuesta fue la misma, ser libre. Y entonces con mucho miedo, empecé a cerrar esos capítulos que había dejado ahí, en la posibilidad eterna, como una red precautoria en caso de caer, aminoraran el golpe.

No sé qué nos depare el destino, no sé si mi cuchurrumín sea el príncipe azul que tanto soñé, pero sí sé que hoy, más ligera de cargas, ¡libre! Soy capaz de ser de las que aman, de las que entregan el corazón, con la conciencia de hacerlo por la dicha de hacerlo, porque puedo, porque quiero, ¡porque se me da la gana!

Hoy, estés en el lugar donde estés, te invito a ser libre, a que te despojes de toda carga, de toda creencia, te veas al espejo y te preguntes: ¿qué quiero?, tal vez la respuesta no sea inmediata, pero te aseguro que llegará y cuando llegue, no te prometo la dicha eterna, ¡no! Te prometo la capacidad de sentirla, de llorarla, la libertad de no ser una piedra, de ser TU!

¡Feliz cierre de capítulos… bienvenida sea la libertad de ser!

 

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