La Generación de la Pornografía Parte 1

Por: Antonio Piñón

Tiene claridad en su propósito: es directa y efectiva. Sea en imágenes, sonidos, narrativas, anécdotas, objetos, dibujos, incluso experiencias, es llamada con justa razón industria, medio (ambiente), mundo, estilo.

Tiene claridad en su propósito: es directa y efectiva. Sea en imágenes, sonidos, narrativas, anécdotas, objetos, dibujos, incluso experiencias, es llamada con justa razón industria, medio (ambiente), mundo, estilo.

Vale precisar que mi interés es abordar el tema con una óptica muy específica: apreciar sólo algunos rasgos de su influencia en la cultura popular. Léase este texto como la primera de tres partes. La pornografía es un asunto tan ramificado que cada contenido podría ameritar numerosas páginas de análisis y opiniones.  Por ejemplo, aquí quedan excluidos comentarios o referencias a aquellas vertientes relacionadas al daño intencional de otras personas o seres, es decir, que involucren interacción con menores de edad, animales, agresiones violentas. Asimismo, no pretendo hacer una cronología que detalle su inserción en la historia humana, ni un intento por clasificar sus diferentes manifestaciones. Estas líneas sólo pretenden ser un agradable paseo, casual.

¿Por qué inicié el texto con la afirmación de que este fenómeno es “autoridad”? Sencillamente porque es una de las expresiones más exitosas del ocio. Se ha permeado y ha sido adoptada por prácticamente cada cultura moderna, sin dejar de mencionar que globalmente es uno de los negocios más lucrativos y prolíficos generando a diario millares de contenidos. Es de fácil acceso a los interesados y tiene múltiples opciones para complacer a cualquier tipo de espectador.

Uno de los grandes aciertos que tiene la pornografía ha sido su capacidad de respuesta para adaptarse. Ha evolucionado al mayor ritmo posible, insertándose de inmediato en cualquier medio de información, más rápido incluso que los contenidos tradicionales y más populares. Lo pornográfico, por ejemplo, inundó el mundo del internet mucho antes que las películas o videos que comercialmente son permitidos y exitosos. También, encontró una mudanza pronta hacia los videojuegos, ha experimentado la 3D, se ha instalado ya en la realidad virtual (VR), y más ambiciosamente ha combinado el uso de dispositivos para amalgamar una experiencia sensorial completa que integre sonido, imágenes en movimiento y estimulación corporal. La tecnología ha sido, es y será un aliado ideal dentro del mundo de esta industria. Lo que imaginemos pase con el progreso en los años venideros sin duda tendrá una amplia habitación para lo pornográfico.

 

 

 

 

De acuerdo con el sitio Online MBA, algunas estadísticas interesantes sobre el tema son:

12% de los sitios en la web conocida (lo que no es Deep web) son de contenido pornográfico.

Cada segundo hay un estimado de 28,258 usuarios viendo pornografía online.

Un tercio de los usuarios son mujeres.

El día con mayor frecuencia de visitas a sitios pornográficos es el domingo.

La edad promedio en que una persona tiene contacto inicial con contenido porno en línea es a los 11 años.

35% de descargas en línea son de contenido pornográfico. RESALTAR

Otra de las fortalezas de la pornografía es su alta derrama económica. Según los datos de Online MBA es una industria que logra más de 4.9 billones de dólares al año. Diversas fuentes estiman que globalmente es uno de los diez modelos de negocio más lucrativos de la actualidad, incluso por encima de la banca, las farmacéuticas o las bebidas alcohólicas. Aclaro, son meras estimaciones pues es difícil cuantificar el mercado, considerando que hay vertientes fuera del ojo de los registros oficiales o que también son ilegales.

Hoy visitaremos una de sus múltiples vertientes y sirva como caso el célebre ícono de un conejito con la oreja doblada.

El fenómeno de las revistas.

Al turnarse masivos y comerciales los medios impresos, la pornografía adoptó una identidad pública y sin reservas. Se convirtió en celebridad e hito. Las publicaciones se volvieron objetos de colección, un artículo codiciado. A partir de aquí, lo porno, se asentó de manera definitiva en nuestra cultura.

Visitar una revista Playboy es acercarse a un catálogo de las más exclusivas y creativas pautas publicitarias, muchas de ellas dignas de ser enmarcadas como un grato recuerdo; relojes, ropa, bebidas, viajes, cigarros. Pareciera que esta publicación comenzaba a definir un estilo aspiracional para caballeros con el pretexto inicial de contemplar una serie de fotografías de desnudos. Más allá de lo anterior, este magazine también fue un lienzo para las plumas de diversos analistas y literatos de renombre; no es para nada mentira que, ha existido enorme calidad en los artículos y notas. El diseño editorial fue y sigue siendo impecable. Lejos de cualquier censura o juicio moral, nadie puede negar que Playboy ha sido un ejemplo y tendencia para los medios impresos. Por citar algo, (no sabemos si este concepto se inventó con ellos) la “triple página” central es un recurso que inmediatamente asociamos a la marca del conejito.

Sin dificultad el lector podrá identificar al menos a alguna celebridad que han desfilado en las páginas de Playboy. Sobra aquí hagamos un listado. Las repercusiones de tomar la decisión de etiquetarse como Conejita Playboy son polarizadas; a ciertas personas les representó catapultar su fama, a otras salir del anonimato, pero también existen casos que significó sepultar una carrera. Independientemente el resultado, es un estigma que marca el resto de la vida de aquellas valientes que posan para la lente del conejo.

Únicamente estamos haciendo referencia al concepto creado por Hugh Heffner (recientemente finado) no por economizar comentarios hacia otras publicaciones, sino sencillamente porque Playboy es el mejor ejemplo occidental y tal vez mundial de cómo un producto pornográfico se convierte en parte de la cultura y estilo de vida de las personas, al grado de ser plenamente posicionado como marca y también un referente obligado en diversos fenómenos artísticos, cotidianos y sociales. Tan simple que seguramente frente a la pregunta de qué revista para adultos es la más célebre en el mundo, más de la mitad de los lectores nos dirán una obvia respuesta.

La revista en cuestión rompió sus páginas y se extendió a voluntad. Hoy día, la marca aparece en ropa interior, juguetes sexuales, preservativos, eventos, souvenirs. Dentro de los medios evolucionó hacia material en video, incluso canales propios en televisión de paga. Dejó atrás los desnudos y se convirtió también en un generador de escenas con interacción sexual explícita. Es tal el grado de inventiva que han tenido que incluso han probado, dentro de sus propios espacios televisivos, realizar noticieros, programas de revista, concursos, incluso reality shows. Variedad suficiente para transmitir veinticuatro horas al día.

Aunque existen cientos, si no es que miles de publicaciones cuyo pretexto de venta es el desnudo femenino, ninguna iguala la popularidad e influencia cultural que tiene Playboy. El mismo Hugh Heffner en vida fue una celebridad, un personaje perfectamente diseñado, aspiracional. Así también sus modelos, de quienes muchas de ellas lograron crear un nivel de vida a partir de prestar su anatomía a millones de lectores morbosos. El estilo de vida que nos dibuja el ambiente que nos venden cubre diversas necesidades para muchas personas: afiliación, aceptación, belleza, socialización, fiesta, sofisticación, popularidad, ruptura de esquemas, atrevimiento. El contacto sexual, es sólo una figura secundaria.

Otro elemento interesante es la experiencia que ofrece el mundo Playboy. A diferencia de otros contenidos o tipos de entretenimiento, Playboy existe en el mundo real y es alcanzable. Lo más equivalente a vivir o sentir lo que proponen películas de fantasía se limita a atracciones en parques de diversiones, juguetes, disfraces, accesorios, simulaciones, acaso conocer al actor protagonista y aspirar a una foto o firma de autógrafo. Al menos hasta el momento no podemos tener una armadura con propulsores, pelear con un dragón o conducir un vehículo que rompa la velocidad de la luz. En cambio, Playboy existe, ya sea en encuentros sociales, fiestas, incluso tuvo su propio recinto o mansión en la cual se organizaron miles de reuniones y eventos con un listado interminable de personalidades de todos los ámbitos.  Las conejitas (por favor disculpen la etiqueta) sí caminan entre nosotros.

También es gracias a su realismo que ha sido posible que el universo Playboy comulgue constantemente con otros ámbitos; el político, artístico y en general el entretenimiento convencional. No es sorpresa que actrices tradicionales visiten el mundo de la industria para adultos o viceversa. En ambos casos, los encuentros breves que se realizan ambos mundos generan expectativa.

Regresemos al lector. ¿Cuál ha sido su experiencia? Evidentemente cada cabeza lo vive de forma distinta. Citemos por ejemplo el estereotipo de cómo una revista de estas se convirtió en un artículo codiciado y clandestino entre los niños y adolescentes. Aunque muchas películas hacen referencia a ello, es más frecuente de lo que parece. En las décadas pasadas, antes del boom de la internet, el acceso a estos materiales era sólo a través de los impresos y las películas. Poco a poco era más sencillo conseguirlas. No obstante, en su momento, para acceder a estos se necesitaba de la influencia y apoyo de un adulto. Sonará extraño y gráfico, pero sí, el despertar sexual de nuestra generación para los varones estuvo auxiliado por los productos de Hugh Heffner. Bien versa por ahí hoy día que gracias a él muchos desarrollaron la habilidad de leer a una sola mano. Seguramente muchos de ustedes tuvieron un baúl repleto de Playboy o incluso un inventivo escondite para las mismas.

En México han existido distintos productos impresos, muchos de manufactura local. Son célebres los formatos de bolsillo trazados en dibujos color sepia, papel revolución y con un universo de mujeres voluptuosas y hombres atléticos; si bien no son plenamente pornográficos cumplen, con el pretexto de contar una historia fácil mostrando algunas imágenes de desnudos y sugestivas sobre el coito. Aún se puede encontrar a muchas personas leyéndolas en el transporte público.

Otra alternativa son las fotonovelas, que en vez de caricaturas emplean series de fotos con diálogos simulando una historia las mayores veces asociadas a encuentros sexuales. Suelen ser de títulos arriesgados, pero en general tradicionales en lo explícito de sus imágenes. Por ejemplo: “Mi vecina la insaciable”, “Mi secretaria es una perversa”, “Mi suegra está más buena que mi esposa”. Estos medios más bien marcan su éxito en el plantear situaciones arraigadas en las fantasías cotidianas.

Es común también que en los medios populares se encuentren páginas centrales con desnudos y textos destinados a la excitación masculina. Estamos plagados de periódicos de circulación diaria que mantienen dicha práctica.

También tenemos nuestra gama de publicaciones, digamos, más estilizadas. Desde la década de los setentas anduvieron por ahí con baja permanencia en el mercado. Por ejemplo, la revista Caballero. Hoy día circula por ahí la “H” para hombres, que en sus inicios intentó ser una imitación de Men’s Health (aunque no me crean) y poco a poco fue evolucionando de mostrar fotos sin desnudos ni ropa ligera de celebridades conocidas hasta desnudos gráficos de mujeres del medio artístico.

 

Es cierto que existen muchos aspectos negativos de la pornografía en cualquiera de sus versiones. Depende de cada opinión y enfoque; desde obligar a la percepción de que las modelos son objetos sexuales, hasta la denigración de la figura femenina. También estamos dejando a un lado los materiales dirigidos a público femenino. No es mi asunto discutirlos por el momento.

Así como hemos jugado un poco con la marca del conejito, existe mucho que comentar acerca del mundo de la industria de las películas para adultos. Espero me acompañen en la segunda parte de estas líneas. Les garantizo toda una experiencia GX-XXX.

Un abrazo.

apinonla@yahoo.com.mx

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