La empatía, una forma natural de amar

Por: Caanly Hernández Galán

La empatía se define como la habilidad de ponerse en los zapatos del otro, sentir lo que siente, pensar como piensa, ser sensible a sus necesidades, deseos y sueños. Es un maravilloso recurso que nace de manera natural y espontánea en una relación entre dos personas en donde existe amor, entrega y comprensión. Sin embargo, la empatía se puede crear en una relación incluso sin que existan de por medio los sentimientos que la facilitan. Aunque es una habilidad interpersonal que se entrena, requiere únicamente de disposición.

La empatía se define como la habilidad de ponerse en los zapatos del otro, sentir lo que siente, pensar como piensa, ser sensible a sus necesidades, deseos y sueños. Es un maravilloso recurso que nace de manera natural y espontánea en una relación entre dos personas en donde existe amor, entrega y comprensión. Sin embargo, la empatía se puede crear en una relación incluso sin que existan de por medio los sentimientos que la facilitan. Aunque es una habilidad interpersonal que se entrena, requiere únicamente de disposición.

Comúnmente nos relacionamos con personas con quienes tenemos algo en común: el trabajo, la profesión, metas, ideales, pasatiempos, etc. Imaginemos que conoces a una persona maravillosa y admirable, sumamente interesante y divertida a quien tienes enormes deseos de conocer o con quien simplemente deseas estar y no sólo eso sino que sientes una conexión especial y confianza a tal grado que parece que la conoces de toda la vida ¿Te ha pasado? Aún no lo sabes pero si observas con atención te habrás dado cuenta que:

​Sonríen al mismo tiempo.

Terminan las frases del otro.

Por momentos pareciera que piensan lo mismo al mismo tiempo.

Se dicen cosas como “Sí, yo siento igual” o “A mí me pasa lo mismo”.

Siempre tienen un tema de qué hablar.

Encuentran tanto en común, que hasta es probable que comiencen a parecerse también físicamente.

​Como la relación es tan especial, por lo tanto casi nunca o nunca:

​Le mencionas palabras que podrían herirlo o faltarle al respeto.

Le juzgas o criticas.

Le interrumpes o lo menosprecias de forma alguna.

Alzas la voz o le insultas.

Haces algo que sabes que lo hará sentir mal.

​La empatía es lo que te ayuda a encontrarte en el otro, a sentirte identificado, amado y apreciado; cuando la empatía sale de la ecuación ocurren los desencuentros, los malos entendidos y finalmente los conflictos.

Entre padres e hijos es un ingrediente fundamental y conviene encontrar la manera de lograrlo, tal y como se hace de manera natural cuando estás con alguien que te interesa. En las relaciones con frecuencia suceden cosas como: “Es que la verdad a mí no me divierte lo que él hace” o bien “No me gusta ese tipo de música como la que escucha mi hija/mi pareja”, “Es que ya no es la misma de antes, antes sí nos divertíamos juntas y ahora nos hemos alejado”, Se suele pensar en lo que los separa, más no en lo que los asemeja y acerca.

Se que te gustaría que las cosas fueran diferente pero ¿Cómo recuperar la empatía?

1. Busca lo que sí comparten. Pensemos en lo que sucede entre un deportista profesional y su entrenador, claramente, ambos tienen una función totalmente distinta, pero tienen en común el deporte; uno practica el otro entrena, uno dice el otro hace; pero siempre pensando en un fin común, comparten dos cosas: el deporte y las ganas de triunfar. ¡No hacen lo mismo, pero tienen tanto en común! Puede haber mil cosas en las que no coincidan, pero sólo basta una para comenzar a tener más oportunidades de convivencia y encuentros. Reflexiona: ¿Qué comparto yo con él?, No me agrada lo que hace pero ¿Qué sí me agrada? ¿En qué sí coincidimos, aunque sea un poco más? Basta con conocerlo un poco para darte cuenta.

2. Pero si esto no basta entonces hazlo de manera desinteresada. Por ejemplo, supongamos que a tu hijo le gusta el futbol y tú no puedes ni subir las escaleras porque te agitas o no te grada el ejercicio físico; pero sí puedes invitarlo a un partido de su equipo favorito, preguntarle sobre posiciones y jugadas, comprarle una camiseta nueva, intentar gritar como él mientras ve el partido, ayudarlo a entrenar con un cronómetro y demás cosas divertidas que se te ocurra hacer juntos.

3. Si aún así te cuesta mucho trabajo entonces intenta con la regla de oro: Haz a los otros lo que quieras que te hagan a ti y no hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti. ¿Así o más claro?

Como esa persona te interesa no te costará trabajo, pero si no lo haces por ella sino por ti verás que valdrá totalmente la pena intentarlo para relacionarte con las personas desde un lugar más amoroso.

 

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