El cine de los 80s, la Auto Referencia y la Redención

Por Jesús Chavarría

“Pero, ¿Cómo? ¿En qué año estamos? ¿Qué acaso volví a viajar en el tiempo”? Disparatadas preguntas que suenan más congruentes si incluyen un marcado toque de ironía y vienen después de darle un vistazo a la lista de blockbusters del año pasado, en donde curiosamente predominan títulos icónicos de la década de los 80s. Terminator Genesys –su cuarta-, Jurassic World –también la cuarta de la saga-, Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, y por supuesto Mad Max: Furia en el Camino –otra cuarta parte -, son solo algunas de las franquicias cuyos reboots, remakes, spin offs y similares, coincidieron en el 2016.

“Pero, ¿Cómo? ¿En qué año estamos? ¿Qué acaso volví a viajar en el tiempo”? Disparatadas preguntas que suenan más congruentes si incluyen un marcado toque de ironía y vienen después de darle un vistazo a la lista de blockbusters del año pasado, en donde curiosamente predominan títulos icónicos de la década de los 80s. Terminator Genesys –su cuarta-, Jurassic World –también la cuarta de la saga-, Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, y por supuesto Mad Max: Furia en el Camino –otra cuarta parte -, son solo algunas de las franquicias cuyos reboots, remakes, spin offs y similares, coincidieron en el 2016.

Una tendencia que muchos no dudan en relacionar con el ya viejo conocido discurso de la falta de ideas y originalidad que predomina en Hollywood. Lo cual, por supuesto que tiene algo de razón, y es una constante innegable dentro de dicha industria. Sin embargo, hay muchas otras implicaciones en el asunto, mismas que ha redundado en lo que podríamos catalogar como una especie de “cine de auto referencia”.

El primero de los aspectos involucrados y también el más obvio, tiene que ver con la nostalgia por la cultura pop, misma que en muchas ocasiones se convierte en un gancho ineludible para el público. Una circunstancia que otras figuras de aquellos tiempos, no han dudado en explotar. Entre ellos está gente como Adam Sandler, comediante venido a menos, que cada vez escatima más esfuerzos en sus producciones y prefiere apostar por la fórmula fácil, entregando comedias al más puro estilo ochentero y que claro, conoce a la perfección. Algunas de ellas –la mayoría- son totalmente desafortunadas, dígase por ejemplo Son como Niños y su aún peor secuela Son Como Niños 2, o Pixeles –también del 2016 por cierto-, película de fantasía en donde la referencia es mucho más burda -personajes de los videojuegos encabezados por Pac Man, que saltan a la realidad como consecuencia de una invasión extraterrestre-, pero con un mayor encanto y hasta simpatía.

El segundo aspecto y el más llamativo de los aquí involucrados, tiene que ver con que muchos de los directores protagonistas dentro del cine de entretenimiento actual, no sólo vivieron su infancia y su adolescencia en las últimas dos décadas del siglo pasado, sino que a diferencia de quienes les precedieron, no se avergüenzan de sus influencias televisivas y de cine de serie B, por el contrario, las usan como uno de los principales ingredientes de sus producciones.

Así podríamos mencionar al mexicano Guillermo del Toro, sobre todo por su película Pacific Rim, llena de monstruos gigantes provenientes del cine Kaiju –en el que Godzilla es el máximo representante- y robots tripulados traídos del anime denominado como de mechas –en el que se incluye Mazinger Z, Voltron, Tetsujin 28-, como uno de los más claros ejemplos. A la lista también podemos agregar un nombre clave en las superproducciones más recientes, el mismísimo J.J.Abrams, quien encontró su punto más alto en dicho sentido, a través de Super 8, una suerte de homenaje al cine de Steven Spielberg –referencia obligada del entretenimiento de los ochentas-, y en su posterior labor refrescando dos de las sagas más influyentes y tradicionales de la ciencia ficción y la fantasía estadounidense, con la ya mencionada Star Wars: Episodio VII y las dos ultimas entregas de Star Trek.

De esta forma podemos agregar muchos otros nombres, como el de Roland Emerich y su segunda parte de Día de la Independencia -que, aunque es de 1996, obedece a la naturaleza de los excesos propios de lo que se hacía un par de años antes-, quienes, con mayor o menor fortuna, forman parte de la tendencia que hoy nos ocupa.

¿Pero de que se trata todo este asunto?

Sin duda tiene que ver con una cuestión de negocios, de una forma de reutilizar fórmulas probadas, hacer rentables conceptos ya exitosos y que aún pueden redituar de manera significativa en la taquilla.

Pero también se trata de una especie de reivindicación, de sacudirles un poco la etiqueta que les catalogaba como frívolas e intrascendentes obras de consumismo, y hacer énfasis en la magia con la que, en su momento, estas películas impactaron a niños y jóvenes.

Muchos de los cuales hoy, se han ganado un lugar en base a méritos propios dentro del mercado de el entretenimiento, que lo entienden a la perfección y haciendo el cine que les gusta, son capaces de reinterpretarlo para las nuevas generaciones. Es así como la cultura pop de la década de los ochentas, ha empezado a cobrar un nuevo sentido.

Algunas obras no fílmicas, que están relacionadas

A continuación, algunas propuestas que, aunque no son películas, son piezas claves dentro de esta tendencia y están totalmente relacionadas e impregnadas del cine.

Scott Pilgrim vs El Mundo

Aquí seguimos los pasos de un joven con todos los rasgos propios de la generación de los 90s, sumergido en una serie de episodios impregnados de aspectos heredados de los 80s, pero con un tono de desfachatez ideal para conectar con el contexto actual. Se trata de una historia de encuentros y desencuentros románticos, entre referencias a la música índie, fiestas adolescentes y un desarrollo al estilo de los juegos multiniveles provenientes de las arcades. Scott Pilgrim vs El Mundo y sus demás secuelas, son una pequeña y muy divertida joya de los cómics, que ya llegó con acierto a la pantalla grande. Se puede leer en tomos recopilatorios traídos a México bajo el sello de Editorial Kamite.

Regular Show

Creada por J.G. Quintel, esta serie animada es una de las más interesantes y acertadas de la nueva generación de producciones de Cartón Network. Los protagonistas son un grupo de animales y objetos humanizados -sí, una maquina dispensadora de dulces, por ejemplo-, quienes trabajan en un parque, que les sirve de escenario para verse involucrados en insólitas aventuras que involucran guerras dimensionales de formatos como el láser disc y el VHS, visitas al inframundo para reencontrarse con rockstars tipo glam, e incluso charlas con guardianes sagrados de los mensajes de voz en los celulares. Todo teniendo como fondo mucha música retro como Forever Young de la banda Alphsville. Titulada en español como Un Show Más, ya tiene su versión en cómic y se publica en Mexico, vía los mismos de Editorial Kamite.

jesusmuaddib@gmail.com
@jchavarria_cine

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