Amor en plenitud…

Por: Verónica Ortega

Cuándo inicias una relación todo es amor, vives las maravillosas semanas de ceguera total por la oxitocina que liberas a litros en el cuerpo y hasta sus granitos te parecen los más hermosos que has visto en la vida, ¿a poco no? Pasa el tiempo y poco a poco empiezas a generar expectativas, dejas volar tu imaginación, tu creatividad y llegas hasta donde nadie ha llegado jamás, ¿te suena?

Un buen día te das cuenta que hay cosas que no te gustan, que siempre no son tan compatibles como pensabas, que sus caminos ya no van hacia el mismo punto, que los detalles desaparecen y que poco a poco empiezas a enojarte y sus barritos ya no son tan hermosos como antes.

¡Alerta! aquí es cuando si no haces un alto y empiezas solo a medio reclamar o te callas las cosas con tal de que esas primeras expectativas que generaste se hagan realidad, vas derechito a romperte en mil pedazos y a destruir tu relación. En este punto debes hacer una pausa y preguntarse con toda honestidad, ¿qué quieres hacer?, una vez que lo tengas definido toca hacer lo siguiente:

Siéntate con ese ser al que amas y con todo el amor del mundo háblale de lo que sientes, lo haces con toda honestidad y le pides que haga lo mismo (tip: busca un lugar neutro, para que no dejen que el miedo hable y sea el amor). Desde esa premisa puedes arreglar lo que no está bien y llegar a nuevos compromisos y seguir creciendo como individuo y como pareja.

También desde esa misma premisa pueden darse cuenta que en verdad no son la pareja que pensaban que eran y decir adiós.

Hasta aquí todo está bien padre, porque pues resulta que descubres si quieres o no seguir ahí, y desde la honestidad y el amor tomas el camino más correcto para ti y por ende el más pleno. Pero qué pasa cuando descubres que si son compatibles, que si se aman, que si son capaces de comunicarse y, además, tienen una gran química sexual, pero no existe la plenitud individual para vivir ese amor, ¿cómo dejas ir al amor de tu vida?

Aquí es donde yo me encontraba hace dos días, en un momento de felicidad total, de plenitud conmigo misma, observando que, pese a la distancia reciente, hay mucho amor, comunicación, compatibilidad y química, pero mi pareja no era capaz de entregarme su 100% porque tenía asuntos que resolver, porque no estaba pleno y eso era lo que generaba el muro entre nosotros, mi pareja no había soltado su pasado, en una mano el miedo, en otra lo que pesa, no me puede abrazar.

Me di un madrazo, y disculparán mi francés, pero definitivamente no puedo encontrar otra palabra para describir lo que pasó en mi cuerpo y en mi corazón. Tome acción de un pensamiento que tenía varios días en mi cabeza y le dije:

“Eres el amor de mi vida, amo la persona que soy cuando estoy contigo, sacas lo mejor de mí, en estos 10 meses me he transformado, no porque me lo hayas pedido sino porque yo quiero estar bien para poder disfrutar de mi amor por ti sin ataduras. Sin embargo, mi amor, tu vienes cargando un costal de cosas que te tienen atado de manos y no puedes entregarme ese amor como te lo entrego yo y entonces te alejas de mí y eso me duele. No quiero que ese dolor que siento se transforme en enojo y resentimiento, así que con todo el amor que te tengo, te dejo ir, porque para esta bien conmigo o con quien sea, primero tienes que estar bien contigo”.

Nunca sentí tanto amor y tanto dolor al mismo tiempo, nos fundimos en un abrazo hermoso y lloramos muchas horas, nos dijimos cuanto nos amábamos, hicimos el amor con una entrega total que las palabras para describir el momento no existen y nos comprometimos con nosotros mismos a ser mejores personas, a estar bien y plenos como individuos.

Esta mañana me levanté a las 6:00 am, desayune algo ligero y me fui al gimnasio, saque mucha frustración ahí (ok si mucha conciencia y mucho amor, pero no ma… ¡Es el amor de mi vida y YO, si YO lo deje ir, le pedí que se fuera para encontrarse a sí mismo!, la neta es que me duele y a veces siento la imperiosa necesidad de marcarle y pedirle que regrese), decidí sentir el dolor hasta lo más profundo de mi, pero no dejarme caer y no sentirme derrotada, cómo sentirme mal si lo que hay dentro de mi es un amor tan hermoso que me llena, que me da fuerza y vida; duele porque físicamente mi cuchu ya no está a mi lado, pero el amor, ese lo siento yo y sigue aquí conmigo.

No tengo la menor idea que va a suceder, tal vez resulta que en su encuentro consigo mismo yo ya encajo en la historia de su vida o que en este tiempo yo cambio, no importa. Lo más valioso que he aprendido de esta experiencia es cuanto me quiero a mí, y por ese amor que me tengo he sido capaz de amar a alguien más en plenitud y disfrutar de todo eso libre y al máximo; me dio la capacidad de ver que no quiero caer en una dependencia emocional, que quiero amar.

Los invito entonces a mirarse ante el espejo, dense un gran abrazo, llénese de amor propio y si están en ese lugar, les garantizo que estarán viviendo el amor más pleno del mundo, desde la soltería o en pareja; ¿sino, pues que esperan para iniciar ese camino en plenitud?

Amor mío deseo que tu corazón te lleve justo a al lugar en el que quieres estar, y ahí, encuentres la paz que necesitas para ser feliz contigo mismo, ¡Te amo cuchurrumino!

Cuándo inicias una relación todo es amor, vives las maravillosas semanas de ceguera total por la oxitocina que liberas a litros en el cuerpo y hasta sus granitos te parecen los más hermosos que has visto en la vida, ¿a poco no? Pasa el tiempo y poco a poco empiezas a generar expectativas, dejas volar tu imaginación, tu creatividad y llegas hasta donde nadie ha llegado jamás, ¿te suena?

 

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