El estadunidense David Robert Mitchell llegó ayer a Cannes con la etiqueta de director de culto y ahondó en ese concepto con el que es su tercer largometraje, Under the Silver Lake, un filme que él describió como “un misterio” y que es imposible de clasificar.

Protagonizada por Andrew Gardfield, que está en casi todos los planos de la historia, el cineasta muestra en esta especie de comedia negra una visión muy particular de Los Ángeles y lo hace con una narración con una frágil frontera entre el sueño y la realidad.