Fue ella quien le pidió el divorcio a la estrella del rock vista la apatía y dejadez de éste hacia su familia, alegando, además, que se había enamorado de su instructor de kárate. El divorcio le costó a Elvis dos millones de dólares en concepto de indemnización a su esposa e hija.

El Rey del Rock se sintió herido en su orgullo de macho cuando su mujer prefirió a un anónimo por encima de él. Casi cuatro años más tarde, el 16 de agosto de 1977, decía adiós para siempre.